
«Los tribunales ejercieron desde siempre sobre mí una fascinación irresistible» y por eso Gide pidió ser jurado y lo fue, en 1912, a los 43 años, durante doce días. «Ahora sé que es muy distinto hacer justicia y ayudar a hacerla uno mismo. . . No estoy seguro de que una sociedad pueda pasar sin tribunales y jueces ; pero puede sentir con profunda angustia durante doce días hasta qué punto la justicia humana es dudosa y precaria.» Gide presenta, pues, la historia de Blanche, secuestrada por su familia durante 25 años en una habitación herméticamente cerrada, envuelta en su propia mugre, como un caracol en su cascarón inmundo, con una frialdad casi científica. Procura no interpretar los hechos y abandona al lector a su indignación, sorpresa o desconcierto.
André Gide es lo que se llama un gran escritor con premio Nobel y una obra abundante. Es uno de los personajes más peculiares y retorcidos de la literatura francesa contemporánea. La sinceridad y la lucidez de su Journal escandalizaron a más de un puritano, y sus libros son tabú en las librerías de los papás.
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